Introducción

Llegó el día del inicio de estos años,
En donde me pertenezco al hecho de no pertenecerme
A recordar quien no soy y quien no fui,
De poder ver al actor de los actores.

Si, me han despedido del trabajo que tenía,
Comienza una nueva etapa en mi vida,
En donde no hago otra cosa más que hallarme,
En donde encuentro el camino a sanarme.

Entro de nuevo a visitar los antiguos espacios
En el que se aloja un intento natural del verso,
Hojas en polvo que fueron llenadas de lágrimas,
Injusticias y también en estado de víctima.

Una víctima de mi mismo,
Una habitación llena de cárceles
Prejuicios y hábitos repetidos…

Hoy, que me habito,
No dejo escapar una gota de energía,
– ¿Será acaso por el reflejo de una tela de agonía del victima? –
Estoy al tanto de llenar los almacenes del cuerpo,
Que estén todos en sintonía,

Al merecer la simpatía de quien escribe,
Me gano una habitación de paz,
En donde hago las paces,
En donde el ego y el alma se abrazan,
Se aman.

En esos hallazgos,
Veo un hombre que al perder el tiempo,
Se encuentra con los miedos,
Casi entrando al boicoteo,
Pero hoy sabe cómo salir del enlace del lamento,
Para hacer y terminar ese viento.

Hoy, que me sigo,
El actor anterior
Se vuelve un niño
Que rara vez alimento,
Solo lo llevo de la mano
Para que no se muera con el tiempo,
¡Pero aquí está!, no lo atormento.

Lo veo como niño,
Porque a ratos me pregunta cuanto falta,
Sobre cuánto merecemos,
Cosas de la vieja escuela,
Yo lo miro,
Sonrío y le digo
Que ocurrirá en algún momento.

Necesito alas,
Pero tengo el tiempo,
La pérdida del deseo,
Porque ya hago las palabras de concreto,
También uno que otro equilibrio del terreno,
Pero toco mi espalda que me recuerda la suerte de haber nacido ave,
Intenté ser un ser que tiene la percepción del límite de su mente.

Cordialmente me sitúo en una esquina,
Abrazo a mis amigos demonios,
Ángeles de cualquier religión,
Para que al término de jornada puedo dormir
Con la mente callada,
Siempre que nos desprendamos de la cesantía
Me recito una de mis viejas poesías:
Volviendo al caso,
Más ligero,
Vuelvo al templo.

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Un beso al alma

Si le hablo tierno a tu corazón
Recibirá mi verdadera intención
Un lenguaje en que las palabras
Son lo último que sana,
Es la vibración en que se entonan
Las frecuencias de mis entrañas.
Es en realidad un beso a tu alma
Que palpita latencia
De nuestra resonancia.

– Un conjunto que nos hace uno –

Génesis III

Ya me sentía como un niño tímido a tiempo completo,
Las orejas solas se acercaban a tu boca
Cuando murmurabas las canciones de siempre
– Y que la energía no se finge. –

En la misma distracción
Que antecede mi precedente,
Tu mente no te miente
Y sabías que en algún momento
Conocerías el alma de quien te siente.

Les hermanés

La crónica se acuerda del intento de rescate,
Un beso de palabras,
Que me insistía que había magia al escucharme.
Fue una mezcla de salsas
Que comprometía sitios,
Espejos que hablan,
Olores y sabores que a rato llegaban.

Tamaño recuerdo
Entrelaza situaciones con risa alocada
Y éstas me decían que yo un día llegaba
Enraizando el ego en tantas mañanas y palabras,
Que para ese entonces
– Y hoy –
Tenía más que gastadas.

Tantas penas juntadas
Acariciaban un alma apagada.
Eran de dos pequeños que se hablan,
Juegan y se bañan.

Un brazo prestado,
Una fusión que en el fondo
No subyace en la forma de mi cara,
Ni en la materia de cuando se amamanta,
Ni en la música exaltada,
Ni en baloncesto,
Se encuentra en el alma.

El miedo enfermo

Un momento…
La retórica marcha de un sendero
Marca la hora hasta las 18 horas con 10 minutos,
Espero a la hora de que el miedo
Naufrague al salir de la cárcel social.
Pero el miedo me alerta una incomodidad falsa,
Ilusoria, creada por nosotros.
Me aferro a la intriga de ser uno mismo.
Me aferro a la circunstancia de no ser.
Me aferro a la mentira que me hace sentir tan enfermo,
Es un miedo que apela a la verdad.

– Como si uno fuese importante –

Un abrazo a esta energía
Que me está inundando de una larga agonía,
Un aprendizaje,
Pero hasta cuándo, se pregunta el enfermo,
Hasta cuando el insomnio se aleja
Al dejar de soñar,
Se aleja a quienes supimos ver el epicentro
De los movimientos que acelera
El ritmo cardiaco de la tierra.

Ojos a medias astas,
Con sueño palpable,
Si supiera que hablo de él mientras duerme,
Mientras accedo aquí y logro desenmascararlo,
Dejarlo en evidencia,
Al parásito consciente que habita en mi,
Pero lo cuido,
Alimento,
Sostengo,
Persiste en quedarse y no irse,
Prefiere habitar en mi hasta que…

Hasta que decida despedirlo,
Incrementando los sonidos,
Hablando con los otros órganos,
Susurran,
Hablan de él
– Los he escuchado –
Los he escuchado
Cuando el estómago
Recibe tanta abundancia,
Cuando el pulmón se ahoga
O el líquido los marea.

Hasta justificar el silencio
Contra el sendero perfecto,
Contra lo que se debe hacer.

Hasta proclamar victoria
Y poder al fin vibrar,
Vibrar con mi niño interno.
Abro mis brazos hasta
Repartir mi cariño,
Mis besos.

Pronostico una lluvia
Que haga enfermar
Aun más al enfermo,
Pero lo cuidaré hasta que decida:

Irse…

La Password

¿Por qué no te disfrazas
Delante de los ojos?
Aun cuando no te vea,
Quizás alcance a respirar
Lo que exhala la angustia.
Un estado que dejo de hallar
En la estampa del ser humano,
La interminable incomodidad
De ser uno mismo
A ojos de los demás.

Agradezco el umbral aprendido,
Por haber querido soltar El Tiempo,
Que se va acumulando
En el torrente sanguíneo.

Sin ver la realidad
Abrazo la oscuridad
Que emancipa toda luz
Que añoraba con constante lástima,
Y en ese incesable estado,
Logro reconocer lo profundo
De mi maldad que abrazo con amor
Esta parte de mí.
En lamento y desesperación
Se encuentra la rebuscada luz,
Que ni en las mejores practicas
Budistas pude palpar.

¿Qué tal funciona el vertedero
Del olvido?, si pretendo
Obtener tal preciada contraseña
Para entrar al interior del
Individuo que escribe.

No existe luz sin oscuridad
No existe bondad sin el mal.
Hoy escribo el santo y señal
Para acercar a mi mal y darle de comer
Para integrar el instinto,
Callar el pensamiento,
Amar sin límite,
Alcanzar el estado
Que dejé de soñar
Para que la magia
Me haga vibrar.

El abismo del olvido

En el abismo del auto convencimiento
En un estado que apunto de fallecer
Observo las decisiones del cerebro
Conduciendo la iniciativa de la observación.

Casi convencido
Gatillo un posible diálogo
Con los fantasmas,
Y sin querer,
Decido y veo el futuro.

Pero hoy está nublado
Y permanentemente olvido
Descifrar las neuronas de acero.

Pero me distingo entre el quehacer
Y la dispersión en los eventos
De nuestra vida.
Perplejo del susto,
Consigo durar un poco más con mis gustos,
– 5 años -.
Con las nauseas que esto provoca,
Esta vez olvido tirarme con una bolsa
Que acelera su velocidad
Mientras caigo en el precipicio
De la decisión.

Aprovecho de olvidar los motivos
De la prisión de los 5 años
Y persigo los vibrantes recuerdos
Que me hacen regresar a los encantos
De los olvidos.

Qué más vivo que el último
Suspiro del alma(?),
Que abanica toda sustancia
Inerte en la tierra(?).

Al perecer entre los que vinieron y vendrán,
Mastico el plástico y falso amanecer
De los olvidados que olvidé perseguir:
– Los sueños –
Llenos de señales que consigo
Recordar porque estoy aquí
Y no allá.

El riesgo de tanto pensar

Impaciente miraba el reloj,
Atento a que los segundos pasen
Atento a que los prejuicios se calmen,
Impaciente escribía una lápida

El riesgo de desnudar el alma,
Es que no vuelva,
Dejando el cuerpo vacío e inerte,
Es el riesgo de observarnos tantas veces.

Tanta pregunta existencial
Dejaron que el goce
Se fuese a bailar con sensaciones pasadas,
Ocupando solo espacio en la nada.

Una química que estaba cargada de electricidad,
Hoy, se enfrió con una escarcha de errores,
Hoy, ya no se mueve un átomo,
Solo algunos que ofrecían recordarle
Que había alguien respirando arriba suyo.

Durante el frenesí,
Corrió para jugar
En largos y profundos océanos
Castigándose a si mismo
Por recuerdos que regalan
Fuego a su momento.

Por el momento vivido
Me duelen las manos de escribir,
Por el momento anunciado,
Asesino a la muerte
Que vino llamada
En un llanto de auxilio.

Ya de tanto pensar,
Nos abrigó la noche
Con ojos perdidos
Mirando al cielo.

Me robé la verdad

Quité la verdad a la mentira,
Y me hago el súper humano
Por si un día me olvido de nuevo de mi.
Le quité la verdad a la mentira.

Me la hago propia y me visto de ella,
Me peina y desenreda los tejidos del alma,
Me los entrega en mis manos
Me imagina por mientras la mentira me hace muecas.

Por esta verdad que me acelera,
Porque no he sabido controlar su energía
Que inunda la garganta y descontrola
El rol del corazón.

Hasta poder recibir paz de aquella verdad,
No puedo enfrentarme a la sutil tranquilidad
Porque no he sabido controlar su paz.
No he controlado la sensación de sanación.

Entrar y salir a voluntad propia

A la introspección,
Al más ínfimo miligramo de energía creadora
A la veta de mi ausencia
O potenciar mi presencia.

Al intento de dosificar,
Algunas madrugadas gastadas
Pensadas sin merecer
Utilidad alguna de crecer.

Al motivo de estos escritos,
Que vengan con un mensaje
Que traían agua de un drenaje
De un posible futuro abrigo

Al acto de ver lo que viene,
A la empatía global,
Al sentimiento que te define
A todo movimiento ocular.

Al sentido literario,
Al explotar los cinco limitados sentidos,
Al explorar la temperatura,
Al sentir el del dolor ajeno.

Al darle sentido serio
A lo absurdo de lo que no tiene sentido.
Al fuego que llevamos por dentro,
A lo que encontramos ridículo
Por seguir a la ciencia,
A la hermosa sinestesia,
Al humor excéntrico
A la mezcla de los sentidos,
Al tumor de la sociedad,
Abrazarlo y poder entenderlo
Que también somos parte
De lo que no hablamos.
Y este error de comunicación
Que llevamos dentro,
Que intento erradicar
Al escribir para desmalezar
Tanta falla comunicativa.
Eso sí, abrazo esta iniciativa
Por querer abrirme en paso
A la conexión con quien me lee o escucha
Y así experimentar
– La sinergia de las hormigas -.