El riesgo de tanto pensar

Impaciente miraba el reloj,
Atento a que los segundos pasen
Atento a que los prejuicios se calmen,
Impaciente escribía una lápida

El riesgo de desnudar el alma,
Es que no vuelva,
Dejando el cuerpo vacío e inerte,
Es el riesgo de observarnos tantas veces.

Tanta pregunta existencial
Dejaron que el goce
Se fuese a bailar con sensaciones pasadas,
Ocupando solo espacio en la nada.

Una química que estaba cargada de electricidad,
Hoy, se enfrió con una escarcha de errores,
Hoy, ya no se mueve un átomo,
Solo algunos que ofrecían recordarle
Que había alguien respirando arriba suyo.

Durante el frenesí,
Corrió para jugar
En largos y profundos océanos
Castigándose a si mismo
Por recuerdos que regalan
Fuego a su momento.

Por el momento vivido
Me duelen las manos de escribir,
Por el momento anunciado,
Asesino a la muerte
Que vino llamada
En un llanto de auxilio.

Ya de tanto pensar,
Nos abrigó la noche
Con ojos perdidos
Mirando al cielo.

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A un paso de ser rescatado

Miré hasta que mi alma escondida
Participó en el baile
Que generaba gracias a su arte,
– Dichoso con sus maravillas en la casa –

Me calmó con su iluminada madrugada
Llena de sueños colmados de expansión
Y así pude seguir soñando despierto,
Sin pensar, pude olvidar mi otoño,
Gracias a unas hojas que vi nacer,
Y estas a la vez,
Limpiaron mi cara.

En estos sucesos,
En mi actual silencio,
Retiro los enseres rotos
De la psique humana,
Casi observando el exilio
De mi propia marcha.

Desde aquí me veo,
A un paso de ser rescatado,
La sensación de amor me rodea,
Entra por la garganta
Y se queda en el corazón,
Dejando una película que fortalece
El alma.

Respirando de día

Una vez que llegué aquí,
Obviamente desde otro locutor,
Reviso los sucesos actuales,
Los que dejó el hermano de turno.

Dejando en clave a un tal volador,
O era planeador?
– no recuerdo bien -,
Esta visión concuerda
Con lo que había olvidado,
Cómo se enfrenta al abismo,
Planeando,
Esquivando los vientos
Que hacen la resistencia a este cuerpo.
Como un juego entre la distracción
Y el quehacer del presente.

Me lanzo,
Ya ni si quiera el viento nos detiene.
En este abismo horizontal,
Mencionado anteriormente,
Como El Tiempo.

Respuesta a la libreta encontrada

La libreta volvió,
Pensé que había escrito más,
Llegó con escalofríos incluidos,
Volvió con mi alma
Que se había quedado con ella,
Sin embargo, viene una sensación
Despiadada al horror anterior,
La incomodidad se esfumó,
Gracias por aparecer.
Llegó con un puñado de amor,
Llegó con el sentir,
Me preguntó por un extraviado yo,
Uno que me acompañó en la ausencia,
Igual te extrañaré querido mío,
Lo hiciste bien,
Desaparece el esfuerzo,
La intención,
Llega el propósito en forma de expresión literaria,
Un camino clarificado,
Un deseo de la intemperie mental,
Los ecos que eran concurrentes al espacio espacial
Que me preguntaban por tanto vacío.
El color amarillo y verde,
Dije,
Sintiendo,
Me llamo diego.
Diego ausente,
Te extrañaré tanto,
Te felicito.

Resumiendo esta sensación,
No me avergüenzo de pensar,
Ni un poco.

En otras palabras,
Volví a verme en el metro,
En el reflejo de la puerta,
Me pude ver,
Sentir,
Y me encontré encantador.

Libreta encontrada

Ante el espejo quebrado
Me compongo para empezar a pegar el rompecabezas
De los aturdidos aullidos

¡No me conoces! – Exclamó
No me importa – Respondí
No hace falta.

No necesito tu historia, – Continué –
Amarro tus heridas
En una bolsa invisible
La arrojo lejos
Para bailar con tus victorias,
Tus derrotas,
Beso tu alma,
Que consigue vibrar la mía.

Qué importa tu historia,
Cuando nos tenemos aquí,
Ni si quiera importa esta locura,
Que engendra verdades
Y raíces de la espera
De encontrar mi libreta,
Hasta que nos enfrentamos
A la vista simple,
El primer contacto,
El primer beso,
Salir planeando un largo vuelo,

Y si,
Te quiero.

Escuchando otra voz

Hoy contemplamos distinto,
Otro se ha encargado de dar instrucciones,
Ha llegado el vidente
Que nos dice cual destino viajaremos.

Nos dicta un salto al precipicio
Da un empuje a seguir hablando de esto
Como respuesta a la poca creatividad
Que nos perseguía sin darnos cuenta.

Nos empuja a la auténtica soledad,
Una que nos lleva al aprendizaje.
Hago una pausa y pienso
Que no quiero seguir aprendiendo,
Una de mis personalidades está cansada.

Quisiera quedarme en la ignorancia por un tiempo,
Pero el corazón habla,
Hace un tiempo que le fabriqué una boca y orejas
Para que me escuchara y aconsejara,
Pero está tan confundido como quien escribe,
Nos dice que tampoco entiende
Algunas cosas que nos pasan.

¿¡Quién habla!? – Pregunté con desesperación –
El viento sopló hasta aturdir los tímpanos,
Resonó, le puso fin a esta queja
Que salía de la boca,
Dando un quehacer a otras profundidades,
Otros textos, mirando a otro foco,
Uno interior, con poco reconocimiento.

El susurro que se ha encargado
De elegir los destinos,
Hoy es otro,
Más claro,
Delgado y distinto.

¿Quién habla? – Pregunté sin hablar.

Armadura

Existo,
Con una historia
Que activa mis deseos de la mente adormecer,
Me canso de leer,
De escuchar los aullidos mentales.
Pero hoy,
Arrugo las hojas
Y estiro la mano para rescatarlo
De pasados cuánticos
Que esmero por revivir
Para intentar corregir,
En ese plano,
Lo que sucedió en ese ayer

Armadura,
Amor,
Como gotas de lluvia
Alimento el alma escondida
Para no empaparse,
Así que mi mejor enemigo
Es hoy el amigo,
De quién apunté con doble arma al espejo,
Hoy apunto de nuevo
Con el arma vacía,
A ver si aparece
Le doy mi bienvenida.

Mi viejo amigo,
Tantas lunas recorridas,
Te abrazo y recibo con una sonrisa
Mi viejo amigo.

Regresa a casa,
Quien fue la causa
De los aullidos matutinos,
Ya que hoy descansado,
Puedo hacer una llamada
Y entrar en lo que debidamente
Sanará tantas almas.

Fue a buscar a quien tanto temió
Caminó y caminó,
Mientras miraba a una estrella perdida,
Notó que caminaba hacia ella,
Un ser de camisa y pijamas,
Que se comía los impulsos eléctricos
De sus pensamientos
Y se alimentaba de si
En sí mismo.

Se acercó y en un instante
Entró a la altura de su pulmón,
Pasó por el corazón
Hasta que en su cerebro llegó
Fusionándose con este ser
Que tantas ganas expulsó.

Escenario de la nada

El cielo y el suelo negro con una capa de agua,
El silencio y el ruido del charco anunciaban mi movimiento.
Conforme pasaba el tiempo,
Avanzo hasta que entiendo la creación del momento; Las palabras.
Las palabras daban situación a ese intento de universo.

Con eco eterno,
Llamé a quien un día
Mi ego deseaba con el alma:
El tormento.

Apareció con tal calma, que mis dudas pasadas
Calzaban con la desesperanza,
Cuando los latidos cantaban muerte
Y el resto era juego de la mente.

Esta calma, que colmada de amor
Nos hablaba sobre su vida
Y su media naranja.
Su mitad, su complemento,
Corrí el rostro de lamento
Porque lo echa de menos,
Un tal viajero.

Atiné a mirar su corazón,
Pero seguía ahí
Cortado por la mitad,
Rogando por la venida de su frialdad.

– Uno, que es completo
No necesita de frutitas,
Para entregar amor y calma
– dijo mi ego sonriendo.

Cerré los ojos,
En pos de dejar que se vaya.
No esperé más tiempo,
No volveré a invocar a algunos procesos.

Y aquí me hallo,
En medio de la nada.
Inclino mi cabeza
Para confirmar mi entereza.
Deambulo por las aguas
No ando con palabras
Porque éstas quedan preocupadas
Cuando piensan de quien se habla.

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Relato de un viaje

¿Qué falta? – Pregunté mirando a la ventana –
Nada – Respondió la Muerte.

¿Quieres ser la fuente de inspiración?
¿De estos escritos?
De proceso de comunicación
Entre la percepción de este cuerpo,
La mirada de tu frente,
El ansío de encender la mañana,
O cerrar la urna,
En donde no hago otra cosa más
Soñar que llega la noche,
Podría encender con llamas
Algunos humos,
Porque no puedo hacer algo mejor.
Que entre plena oscuridad,
Se sirva el brebaje de bienvenida
A la apertura de un ojo inquieto,
A punto de abrir:

Nos regalan un cactus en la falda del cerro, en pleno Valle.
Fatigado de conducir, me estaciono afueras de una casa abandonada, la última visible, era el fin de un camino.

Resentido de las heridas de hace algunos días. Nos disponemos a cocinar el San Pedro, un agua santa. Previo a esto, grité al cielo para alejar a la experiencia de mis ausencias, ¿qué más importaba?, si no nos escuchaba nadie más que el viento.

Durante el proceso, no cabían más preguntas, de las que este cuerpo recuerda. No había comunicación, solo la experiencia de lo peor.

Una vez listo el brebaje, algunos zumbidos se hacían manifestar.
‘Bebe un poco más’ – Oí en mi cabeza –
‘Aun falta’ – Seguía escuchando –

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